Una Lluvia de Ceniza con Efectos Globales
Hace entre 7 y 5.4 millones de años, en el Mioceno Tardío, la Tierra experimentó un significativo enfriamiento global. Un nuevo estudio revela un culpable inesperado y poderoso: la intensa actividad volcánica de la cordillera de los Andes. Lejos de ser un mero evento geológico local, las masivas erupciones de la época desencadenaron una cascada de efectos que fertilizaron los océanos, revolucionaron la vida marina y contribuyeron a redibujar el clima del planeta.
El Fertilizante que Cayó del Cielo
El corazón de este fenómeno se encuentra en el Complejo Volcánico Altiplano-Puna, en los Andes Centrales. Durante el Mioceno Tardío, este sistema volcánico experimentó una fase de supererupciones que lanzaron a la atmósfera inmensas cantidades de ceniza rica en nutrientes esenciales como el hierro y el fósforo. Los vientos dominantes se encargaron de transportar este polvo fino a miles de kilómetros, depositándolo sobre vastas extensiones del Océano Austral, una región clave para la regulación climática global pero limitada por la escasez de estos mismos nutrientes.
Un Océano en Plena Efervescencia
Esta "fertilización volcánica" provocó una explosión de vida microscópica. Las diatomeas, un tipo de alga fundamental en la base de la cadena alimentaria marina, proliferaron masivamente en lo que los científicos llaman el "Florecimiento Biogénico del Mioceno Tardío". Este auge de fitoplancton tuvo dos consecuencias trascendentales. Primero, intensificó la "bomba biológica": al hacer la fotosíntesis, las diatomeas absorbieron enormes cantidades de dióxido de carbono (CO2) de la atmósfera. Al morir, se hundieron en las profundidades, secuestrando ese carbono en el fondo oceánico durante milenios y reduciendo así el efecto invernadero.
El Auge de los Gigantes y la Evidencia Fósil
Segundo, la abundancia de alimento transformó los ecosistemas marinos. Este festín de nutrientes sustentó el crecimiento de las poblaciones de krill, el alimento predilecto de las ballenas barbadas. El estudio correlaciona este período de alta productividad oceánica con la aparición del gigantismo en estos cetáceos, que evolucionaron para alcanzar tamaños colosales y aprovechar las nuevas fuentes de alimento. La evidencia es palpable: en las costas de Chile y Perú se han encontrado "cementerios de ballenas" fósiles, donde los esqueletos de estos gigantes marinos yacen junto a capas de ceniza volcánica de la misma época, un testimonio directo de esta conexión.
La "Bomba Biológica" y el secuestro de carbono
La "bomba biológica" es un proceso natural crucial para regular el clima de la Tierra. El fitoplancton, como las diatomeas, consume CO2 en la superficie del océano. Cuando estos organismos mueren, una parte de ellos se hunde lentamente hacia el fondo marino, llevando consigo el carbono que habían incorporado en sus cuerpos. Este proceso transporta carbono desde la atmósfera hacia las profundidades del océano, donde puede permanecer almacenado durante cientos o miles de años. El estudio demuestra que la fertilización por ceniza volcánica andina actuó como un potente acelerador de esta bomba, aumentando significativamente la capacidad del Océano Austral para capturar y almacenar CO2 atmosférico.
Reconstruyendo el Pasado con Modelos Climáticos
Para cuantificar este impacto, los investigadores combinaron registros geológicos y fósiles con complejas simulaciones informáticas de dispersión de cenizas y del sistema terrestre. Los modelos demostraron que pulsos recurrentes de ceniza andina pudieron haber causado una reducción significativa y sostenida del CO2 atmosférico, del orden de 10 a 15 partes por millón. Este trabajo ofrece una nueva perspectiva sobre el enfriamiento del Mioceno Tardío, subrayando el papel crucial y hasta ahora subestimado que la actividad volcánica puede jugar en la regulación del clima global a largo plazo.
Ficha Técnica
- Título original: Andean volcanism, ocean fertilization, marine ecosystem turnover, and global cooling in the Late Miocene
- Revista: Communications Earth & Environment
- Año: 2026
- DOI: 10.1038/s43247-026-03457-4
- Autores: Barbara Carrapa, Mark T. Clementz, Nicolás J. Cosentino, Pedro DiNezio, Pam Vervoort, Kaustubh Thirumalai, Jordan T. Abell, Dominik Hülse, Priscilla R. Martinez & Carolina S. Gutstein
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