Un giro inesperado en la historia de la tecnología
La historia de la evolución humana suele contarse a través de la piedra. Las herramientas líticas, desde los simples cantos tallados del Olduvayense hasta las sofisticadas bifaces del Achelense, han sido los marcadores tradicionales del avance tecnológico de nuestros ancestros. En este relato, las herramientas de hueso se consideraban una innovación tardía, una tecnología que no se desarrolló de forma sistemática hasta hace unos 400.000 años en Europa. Sin embargo, un descubrimiento extraordinario en la Garganta de Olduvai, Tanzania, ha hecho añicos esta cronología, demostrando que hace 1.5 millones de años, ciertos homininos ya eran maestros en el arte de fabricar herramientas de hueso.
La "caja de herramientas" de hueso de Olduvai
En un único horizonte estratigráfico conocido como el Complejo T69, un equipo de investigación ha desenterrado un conjunto de 27 herramientas de hueso. Lo revolucionario no es solo su antigüedad, sino el hecho de que no son hallazgos aislados. Forman un ensamblaje coherente que demuestra una producción sistemática y estandarizada. Este hallazgo se sitúa en un momento crucial de nuestra evolución: la transición entre la tecnología Olduvayense y la Achelense temprana. Los autores del estudio argumentan que estamos ante una innovación cultural original que revela una complejidad tecnológica y cognitiva mucho mayor de la que se pensaba para esa época.
Gigantes convertidos en instrumentos
Las herramientas no estaban hechas de cualquier hueso. Los homininos seleccionaban deliberadamente los grandes huesos de las extremidades de megafauna, principalmente de hipopótamos y elefantes. Utilizando técnicas de tallado por percusión (o knapping), muy similares a las que usaban para la piedra, daban forma a los fragmentos óseos para crear diversos utensilios. Entre ellos destacan grandes herramientas alargadas y masivas, algunas con puntas afiladas y muescas laterales que podrían haber facilitado su agarre. La producción de estos objetos no era casual; seguía un patrón recurrente, lo que sugiere la existencia de "plantillas mentales" y la transmisión de conocimiento a través del aprendizaje social.
¿Cómo distinguen los científicos una herramienta de un hueso roto?
La clave para diferenciar una herramienta de un hueso fracturado por causas naturales (como el pisoteo de animales o para extraer el tuétano) reside en el análisis de las "cicatrices" que deja el tallado. Los investigadores compararon los artefactos de Olduvai con huesos rotos experimentalmente. Mientras que la rotura para acceder al tuétano rara vez deja más de cuatro cicatrices de lascas y estas suelen estar aisladas, las herramientas del Complejo T69 presentan un promedio de 12.9 cicatrices por pieza. Además, estas marcas están dispuestas de forma contigua y preferencialmente en los bordes laterales, un patrón inconfundible de un modelado intencionado para dar forma al objeto.
Un salto cognitivo de un millón de años
Este descubrimiento demuestra que los homininos del Achelense temprano no solo dominaban la talla lítica, sino que fueron capaces de transferir y adaptar esa compleja habilidad a un material completamente nuevo y con propiedades diferentes, como es el hueso. Esta flexibilidad cognitiva y capacidad de innovación es una característica fundamental del linaje humano. Estas robustas herramientas de hueso pudieron haber desempeñado funciones pesadas, como el descuartizamiento de grandes animales, en un momento en que las bifaces de piedra aún no habían alcanzado el refinamiento y tamaño de épocas posteriores. La producción sistemática de herramientas de hueso, por tanto, no fue un evento tardío y esporádico, sino una revolución tecnológica que se adelantó más de un millón de años a lo que creíamos.
Ficha Técnica
- Título original: Systematic bone tool production at 1.5 million years ago
- Revista: Nature
- Año: 2025
- DOI: 10.1038/s41586-025-08652-5
- Autores: Ignacio de la Torre, Luc Doyon, Alfonso Benito-Calvo, Rafael Mora, Ipyana Mwakyoma, Jackson K. Njau, Renata F. Peters, Angeliki Theodoropoulou & Francesco d’Errico
Comentarios (0)
Aún no hay comentarios
Sé el primero en compartir tu opinión sobre este artículo.