Un escudo natural con grietas inesperadas
Vastas regiones del hemisferio norte, desde Europa hasta América, dependen de un escudo natural para proteger sus reservas de agua potable. Se trata de los acuitardos, gruesas capas de arcilla glacial que, por su baja permeabilidad, se consideraban una barrera casi impenetrable contra los contaminantes de la superficie. Durante décadas, los científicos creyeron que las pequeñas fracturas geológicas en estas capas eran las únicas vías de riesgo. Sin embargo, un nuevo y exhaustivo estudio publicado en Nature Communications revela que el verdadero peligro no es la fractura en sí, sino lo que crece en su interior.
Las "superautopistas" de las raíces
Una colaboración internacional de investigadores ha demostrado que las raíces profundas de los árboles son las verdaderas responsables de acelerar la contaminación del agua subterránea. Lejos de ser un problema marginal, estas raíces actúan como "superautopistas" para los contaminantes. Al penetrar en las fracturas de la arcilla, crean canales abiertos y persistentes (macroporos) que guían el agua de la superficie directamente hacia los acuíferos profundos, eludiendo por completo la capacidad protectora del suelo. Estos canales son órdenes de magnitud más eficientes en el transporte de agua y contaminantes disueltos, como pesticidas o químicos industriales (PMOCs), que las fracturas vacías, las cuales tienden a cerrarse con la profundidad y la presión.
¿Cómo lo descubrieron? Una investigación multidisciplinar
El equipo utilizó una combinación de técnicas de vanguardia para llegar a estas conclusiones. Mediante el uso de trazadores de tinte brillante, visualizaron en tiempo real cómo el agua se movía preferentemente a través de los canales de las raíces en experimentos de campo y laboratorio. Además, extrajeron ADN antiguo (aDNA) y realizaron dataciones por radiocarbono en fragmentos de raíces fósiles encontradas a gran profundidad, demostrando que algunos de estos canales tienen más de 7,000 años, un legado de los bosques indígenas que cubrían la región tras la última Edad de Hielo. Estos antiguos sistemas de raíces siguen dominando el flujo de agua en la actualidad.
El dilema de la reforestación y el legado tóxico
Este descubrimiento plantea una paradoja preocupante en la era de la lucha contra el cambio climático. La reforestación, una estrategia clave para capturar CO2, podría tener un efecto secundario devastador. Plantar árboles de raíces profundas, como los robles, en terrenos agrícolas o industriales con un historial de contaminación (lo que se conoce como "legado tóxico"), podría reactivar estas vías subterráneas. Las nuevas raíces pueden reabrir antiguos canales o crear otros nuevos, arrastrando consigo pesticidas y químicos que llevaban décadas atrapados en las capas superiores del suelo. El estudio advierte que, sin una planificación cuidadosa, los esfuerzos de reforestación bienintencionados podrían desencadenar una contaminación acelerada de recursos hídricos que hasta ahora se consideraban seguros.
El mensaje es claro: la vulnerabilidad de nuestras aguas subterráneas no depende solo de la geología, sino también de la biología y la historia del paisaje. Es crucial identificar y proteger estas zonas de alto riesgo, prestando especial atención a la historia del uso del suelo antes de emprender proyectos de forestación a gran escala sobre acuíferos vitales.
Ficha Técnica
- Título original: Deep tree roots at risk of accelerating groundwater pollution beneath clay-rich aquitards
- Revista: Nature Communications
- Año: 2026
- DOI: 10.1038/s41467-026-73299-3
- Autores: Peter R. Jørgensen, Klaus Mosthaf, Paul Henning Krogh, Anders J. Hansen, Ida B. Nielsen, Frederik Seersholm, Natascha D. Wagner, Jesper Olsen, Jiayi Qin, Luca Modesti, Jens Aamand, Una Pétursdóttir, Rasmus Thalund-Hansen, Carsten T. Petersen, Bjarne W. Strobel, Marine Lacoste & Massimo Rolle
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